El dia no continuó muy bien, los tonos Sepia del barrio de la "opera de Garnier" dejaron de sorprenderme. Todo comenzaba a sorprenderme tanto que comenzó a ser redundante, no podía dejar de pensar mil veces en cada nuevo objeto. La ciudad con sus techos góticas en cada iglesia, agujas que razgaban el cielo dejando caer la lluvia que escurria por las nubes a las copas de los arboles hacia las venas de la ciudad.
Las pequeñas callecitas se habían convertido en enormes avenidas vacias. Aun te podias perder en esas callecitas alejadas del mundo, mas hoy no podrias esconderte en ellas, te encontrarias sin problemas, te verías a los ojos y te darias cuenta que estas solo de nuevo.
Deje atras las campanas de la Parroquia de "Saint Louis", con su repicar que solo recordaba un loop incesante, interminable.
Hoy no, hoy no me quites el dia.
El día habia comenzado ya hace 76 horas atrás, El sol no quería ocultarse, no quería dejar al cielo solo con la ciudad mas hermosa. Estaba celoso, Los miraba desde lejos con sus garras preparadas para proteger a su amada o asesinar a su adversario. Si fuera por mi, el Sol habría nacido en Julio, sería un Leo con sus tres letras y sus conflictos. Generaciones antes, cuando este lugar aun no estaba en mi mente, Ese leon imponente había jurado proteger todo a su alrededor, a la ciudad, sus calles, sus amores, al cielo y su infinidad acogedora. Pero hoy se disputaba entre su eterna fidelidad a las promesas que se había hecho en el pasado y la única persona que lo había deslumbrado. La única luz a la cual el orgulloso astro había dejado alumbrar mas que el. Su ciudad. Mi ciudad. La Ciudad de mi mente.
Había recorrido catorce iglesias mas y cada vezs el sonido de esas campanas eran mas fuerte, era un sonido brillante, un sonido plateado,una perfecta armonia.
Parecia acercarse, sentía ese sonido respirando en mi cuello, llevarse los tonos oscuros de esa ciudad, limpiarla de todos mis prejuicios, de mis problemas. Volvía a ser la ciudad de mi mente.
Bonjour Mesieur
Insinuó una voz detras mía. Eran esos ojos cándidos, llenos de alegria. En ese momento mi nombre era Mesieur.
Mesieur, París. París, Mesieur...
comenzó a presentarme.
...Mesieur, L'chat. L´chat, Mesieur...
L´chat era un gato negro enorme, con una capana plateada en su cuello, si dejabas de verlo podías sentir que te sonreía como el gato de Alicia. pero si sus ojos te cautivaban solo escucharias el ronroneo suave, que estremecería tu cuerpo, cada pelo en el, cada poro, cada lunar. Es el sentimiento de una caída eterna, un relajo para terminar flotando en un estado de inconciencia.
...Mesieur, lecteur. Lecteur, Mesieur...
Y si además quieres hundirte en esos ojos, que imitan el color del cielo, de un celeste calmo y un naranjo romantico. Estoy mas que seguro que muchos poetas invetarían palabras para poder explicar como te sientes.
...Mesieur, Ivan. Ivan Mesieur.
¿Ivan?. Así es, esta vez esos ojos cándidos no andaban solos, Aunque ella estaba montada sobre su enorme gato. A su lado y vigilando en todas direcciones estaba el.
Su mirada era mucho mas penetrante, mas distante. Calculadora. No siempre fue así, pero el tenía algo que podía callar cualquier calma del ronroneo, ser el suelo de tu caida eterna. Solo un susurro salió de su boca, un susurro que podía confundirse como una orden, una obligación.
Debemos irnos.
Esa fue la primera vez que esos ojos cándidos se habrían mostrado así, Y como se ven las cosas, les puedo contar que no era la última.
Iván se alejó rumbo al metro, había comprendido que la niña quería estar con su Mesieur, y quería que el la llevara, que el le mostrara las calles de esa ciudad mágica. Caminaron ocho veces por la ciudad, hablando de nada en común y de todo en realidad. Hablaron de todo eso, solo para ser interrumpidos por L´chat y algo que no era su ronroneo habitual. Sus pelos habían comenzado a erizarse, su cola se esgrimía retando al cielo.
llevame al metro
Me pidió ella, sus ojos eran el fiel reflejo de las lunas de Marte. Y el cielo se había encargado de eso. El sol lanzaba fulgores y el cielo comenzó a sangrar fuego.
Todo había sido lo menos esperado que podía pasar en el "parís de mi mente".
L´chat tomó rumbo veloz. Sus pisadas habían dejado de tocar el suelo. Se escuchaba en el aire el sonido de millones de turbinas. Y comenzó a caer. El fuego del cielo invadía parte de la ciudad, como lágrimas de rencor, del odio mas puro. Sin mirar a quien afectaban. eran lágrimas, era odio.
Había comenzado. Alas gigantes salían de entre las nubes, fortalezas voladoras. acero oscuro y fuego de sus entrañas. Esta vez parecía que había terminado todo.
Lo siento
me dijo ella mirandome desde la puerta del metro. Ahi estaba Ivan de nuevo, mirandola fijamente.
Por un momento volvieron a ser sus ojos, ternura y calidez.
No dijo nada mas, solo a lo lejos la vi señalarse con su dedo, señalar su cabeza, llevarse esa mano sobre la otra y señalarme a mi. mientras sus labios escribian "Creo en ti"
Las puertas del metro se cerraban y por primera vez, el Paris de mi mente yacía frente a los ojos de un violador, sumida en miedo. Por primera vez podía dejar de ser el "Paris de mi mente"
jueves, 5 de julio de 2007
martes, 3 de julio de 2007
domingo, 1 de julio de 2007
Paradiso
Esa mañana todavía no la ciudad no había despertado del todo. Lo mas probable es que las delicias de mi niña de ojos cándidos esten despertando de su letargo insípido para dar pie a una fantasía de sabores y olores. Ella me había prometido guardar un poco de ese aroma matutino por si quería dar una vuelta a ver desde su ventana las cascadas del París de mi mente.
Pero esa mañana era mas que fría, ese frío que solo se disfruta dejando atrás los malos recuerdos y aferrandose a cada momento. Esa mañana corría una brisa traicionera por los pequeños callejones que daba forma a ese laberinto de eventos y detalles que algunos llamaban París. Esa mañana el cielo no quiso despertarse junto a la ciudad, habían peleado la noche anterior. La ciudad solo quería un poco de atención y el cielo no podía dejar de sentirse presionado por demostrarle que ella era única. Al menos se tienen el uno al otro al final del dia.El cielo lloraría si la ciudad se apenaba y la ciudad le respondería con un juego de luces y colores solo para sacarle una sonrisa, de esa sonrisa que solo la luna puede albergar.
Al menos se tienen el uno al otro, aunque esten discutiendo.
Nuevamente esa sensación extraña había despertado conmigo y me miraba desde la cama, ese espacio vacío que llenaba gran parte de mi dia.
¡Hoy no, hoy no te llevarás mi dia!
La pieza se mantenía llena de ese vacío, ese vacío que me repelía de su lado. Ese vacío que me obligaba a mirarlo desde el balcón para no sentir su lento respirar, su mirada inquisidora, su actitud pedante. El balcón era mi único refugio, descubierto ante toda la ciudad, ante todo el cielo, los amantes eternos. Quienes jugaban en mi cara sus millones de amorios.
Es solamente en este instante en donde el mundo por un segundo dejó de girar, dejó de girar para mi, para que pudiera escuchar el susurro que se perdía entre latidos.
Ahí estaba ella, sin mas que ella, solo ella. Y nada mas que ella. Con esta breve descripción puedo no decir nada de ella, pero la palabra "ella" llega a ser redundante al referirse a ella.
Podrias haber dejado de leer esto ayer y si comienzas desde aqui mi historia sería muy distinta.
Solo podía sentarme y verla desde el otro lado de la calle, desde mi balcón que prometo haber sido el peor lugar donde me he refugiado, pero el único lugar donde en ese momento quería estar.
Así pasó el tiempo, y tuviste que volver a tu departamento en el momento en que las últimas cenizas de tabaco abandonaron su hogar entre tus manos.
Nuestro cuarto de hora había terminado. Te deje ir, solo para descubrir que siempre estarás aqui, aunque no sepa de que color sean tus ojos o como huele tu cuello por las mañanas. Se que te he visto y que te volveré a ver. Ya que de una cosa estoy seguro. Las coincidencias no existen, solo la ilusión de ellas.
En ese momento dejó de sollozar el cielo y la ciudad nuevamente lo abrazó, mi pieza nuevamente estaba vacía, no habían sentimientos que me amenzaban desde mi cama, era yo y mi pieza, llena de mi y mis cosas.
Pero esa mañana era mas que fría, ese frío que solo se disfruta dejando atrás los malos recuerdos y aferrandose a cada momento. Esa mañana corría una brisa traicionera por los pequeños callejones que daba forma a ese laberinto de eventos y detalles que algunos llamaban París. Esa mañana el cielo no quiso despertarse junto a la ciudad, habían peleado la noche anterior. La ciudad solo quería un poco de atención y el cielo no podía dejar de sentirse presionado por demostrarle que ella era única. Al menos se tienen el uno al otro al final del dia.El cielo lloraría si la ciudad se apenaba y la ciudad le respondería con un juego de luces y colores solo para sacarle una sonrisa, de esa sonrisa que solo la luna puede albergar.
Al menos se tienen el uno al otro, aunque esten discutiendo.
Nuevamente esa sensación extraña había despertado conmigo y me miraba desde la cama, ese espacio vacío que llenaba gran parte de mi dia.
¡Hoy no, hoy no te llevarás mi dia!
La pieza se mantenía llena de ese vacío, ese vacío que me repelía de su lado. Ese vacío que me obligaba a mirarlo desde el balcón para no sentir su lento respirar, su mirada inquisidora, su actitud pedante. El balcón era mi único refugio, descubierto ante toda la ciudad, ante todo el cielo, los amantes eternos. Quienes jugaban en mi cara sus millones de amorios.
Es solamente en este instante en donde el mundo por un segundo dejó de girar, dejó de girar para mi, para que pudiera escuchar el susurro que se perdía entre latidos.
Ahí estaba ella, sin mas que ella, solo ella. Y nada mas que ella. Con esta breve descripción puedo no decir nada de ella, pero la palabra "ella" llega a ser redundante al referirse a ella.
Podrias haber dejado de leer esto ayer y si comienzas desde aqui mi historia sería muy distinta.
Solo podía sentarme y verla desde el otro lado de la calle, desde mi balcón que prometo haber sido el peor lugar donde me he refugiado, pero el único lugar donde en ese momento quería estar.
Así pasó el tiempo, y tuviste que volver a tu departamento en el momento en que las últimas cenizas de tabaco abandonaron su hogar entre tus manos.
Nuestro cuarto de hora había terminado. Te deje ir, solo para descubrir que siempre estarás aqui, aunque no sepa de que color sean tus ojos o como huele tu cuello por las mañanas. Se que te he visto y que te volveré a ver. Ya que de una cosa estoy seguro. Las coincidencias no existen, solo la ilusión de ellas.
En ese momento dejó de sollozar el cielo y la ciudad nuevamente lo abrazó, mi pieza nuevamente estaba vacía, no habían sentimientos que me amenzaban desde mi cama, era yo y mi pieza, llena de mi y mis cosas.
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